viernes, 15 de noviembre de 2013

ranquel rock/ fines del invierno 2010

Arbolito, el ranquel que se hizo rock

¿Qué hace que lo colectivo permanezca en el tiempo? ¿Qué que los años sean compartidos y que la suma de lo individual dé paso a algo más grande? ¿Qué que se pierda de vista el horizonte para ser uno mismo el camino, uno escapándose de uno, uno en los otros, con los otros? Uno juntos.
Por Analía de la Fuente
adlf.agendaparquepatricios@gmail.com
Esta crónica es la de una tarde de invierno, frío, que cala los huesos. Y esta tarde de jueves la charla rondará literalmente la historia de una poética que, como otras muchas entre miles, pocas entre lo infinito, alza su voz al son de una comunión: la de vernos, escucharnos e interpelarnos desde la alianza entretejida de dos lenguajes que fusionados dan como resultado la construcción mestiza que es la canción. Construir, crear con la mirada de un día entre mil, del cansancio de después del trabajo, del paisaje del barrio, de los contrastes de nuestra vida urbana, de las contradicciones de nuestra argentinidad, de viajes y amigos, de penas, de lo que no nos gusta, de lo que queremos, de lo que vamos a ser, esos y muchas otras son las imágenes que recorre Arbolito, el ranquel que se hizo rock para darnos cuenta, una vez más, del crisol que nos reúne a nosotros alrededor de nuestra cultura.

Esta crónica habla de esa tarde fría de invierno en la que la banda nos recibió a nosotros, emisarios de Agenda Parque Patricios, en su laboratorio creativo ubicado en el barrio -motivo de nuestras letras de cada mes-, en una esquina a pasos nomás del Parque Ameghino. En esa tarde fría y de invierno la ronda y los mates matizaron el clima de la estación y lo hicieron el del temple ameno de la palabra cuando la palabra echa raíces que echan simientes que dan nuevas raíces. Así, tras la llegada de las cronistas y la presentación de la banda, Agenda distrajo un rato de su labor ensayística a Diego, vecino de estos pagos, y a Pedro, quien hace no mucho decidió asentarse en la tranquilidad de San Vicente, para que naciera esta nota.   

El camino del indio

Arbolito, primera acepción: Indio ranquel que asesinó a Federico Rauch, coronel prusiano nacionalizado argentino, que participase en las campañas expansionistas de los gobiernos de este país contra quienes fueran sus pueblos originarios, denominados por éste y por quienes lo designaran en sus funciones, ‘bárbaros’.
Arbolito, segunda acepción, en honor a la primera: Banda musical de más de diez años de trayectoria cuyo estilo podría denominarse inclasificable o, mejor, dependiente del oído-escucha que la aprecie en cada caso. (Digresión probablemente de pertinencia dudosa: Si toda obra humana, una vez entregada al mundo, como su entendimiento e inteligibilidad, dependen de su recepción más que de lo que haya pensado su autor en el momento de la concepción, las canciones de Arbolito dependen del público que las sigue por todo el país más que de sus integrantes al momento de definir la poética de la que son parte. Y si valoramos la recepción de la obra de arte por sobre las intenciones del creador, tenemos que decir, en este caso, que con Arbolito estamos en problemas porque quienes integran la banda son también parte de su público, parte de ese colectivo de identificación que hace de lo popular su propia voz, desde distintos ritmos, pero con el atributo insustituible del amor por la música y por la gente, por la parte de la sociedad, y del mundo, que es el pueblo).     
Arbolito, en su primera acepción, vivió el siglo XVIII de uno de los lados oprimidos del país. Su nombre sigue sonando entre nosotros por la hazaña que realizase en el Combate de las Vizcacheras el 28 de Marzo de 1829. Éste tuvo lugar en parte del territorio bonaerense hoy denominado Coronel Rauch. La hazaña mencionada fue cortarle la cabeza a este coronel que por alguna razón ajena a nuestros entendimientos dio nombre a la localidad.
En Arbolito, en su segunda acepción, vive el Arbolito de la primera. Porque lo que se recuerda jamás muere.

Naturaleza viva

Agustín, Andrés, Diego, Ezequiel, Pedro y Sebastián son, cuando la música los reúne,  Arbolito. La formación de la banda lleva ya poco más de una década, al respecto nos cuenta Pedro: “Cuando empezamos tocaba otro bajista, Yuri, que ahora es el contrabajista y director de la Orquesta típica Fernández Fierro, pero ya para el primer disco, Folklore[1], éramos los que estamos”. Y digamos que en Arbolito todos hacen de todo: la banda es el resultado de la voluntad común de un grupo de amigos que se conoció en la Escuela de Música Popular de Avellaneda. Allá dónde se conocieron comenzaron un recorrido interminable por las combinaciones entre melodías, ritmos y armonías. Los integrantes de la banda son multiinstrumentistas abocados al paisaje cambiante, desmesurado, que les brinda el camino. Dice Pedro que “una de las cosas lindas que tiene la banda es que somos un grupo de amigos”. Quizás eso explique la larga joven vida de Arbolito sin pausa y sin prisa por los circuitos del mundo de la música. En sus comienzos, tocaban en la calle, en lugares públicos, y eso, creen ellos, es parte de su ADN musical, del sello que llevan como propio en sus canciones y en sus repertorios. Sobre sus orígenes confiesan: “éramos muy hippies cuando empezamos, ensayo era una palabra que no estaba en el diccionario”.

Sobre su ritmo de trabajo podemos decir que tocan prácticamente todos los fines de semana del año desde hace trece años, cuentan con seis trabajos editados y en 2010, el pasado 13 de Junio, se presentaron por primera vez en el Luna Park. Llegar al Luna fue una suma de pasos variopintos y constantes: cuesta arriba, en el llano, con viento no siempre a favor, a veces bajo la llovizna y otras bajo alguna tormenta, pero, después de la tormenta, siempre volvió y seguirá volviendo el sol. En esto que a ellos les gusta definir como camino y no como carrera, la banda valora ante todas las cosas su independencia artística, hacer lo que quieren y como quieren, brindar al público la autenticidad de su obra. Sus últimos dos discos estuvieron a cargo de Sony, al respecto nos cuentan: “cuando nos sentamos a charlar con la compañía, el objetivo era que en ese contrato quedara en claro que la independencia artística la íbamos a seguir manteniendo. Nosotros no podemos no conservarla, no seríamos nosotros. No podríamos trabajar si viene un tipo y te dice tienen que tocar este tema, que tenga este ritmo, poneme esta melodía, cambiale esta frase a la letra”.
La organización de sus presentaciones corre por lo general por su cuenta, con excepción de la del Luna: “La producción de un lugar así implica mucho dinero, hay muchas cosas en juego. Había tres mil personas y económicamente no fue una fecha que significó mucho más que otras. Además nosotros planteamos la condición de que la entrada estuviera barata y no es que otros músicos se estén llenando de oro, la publicidad y la prensa de un lugar como el Luna cuestan una fortuna. Pero uno quiere que la presentación del disco siempre sea un escaloncito más, algo especial, y ese algo especial puede parecer mucho más redituable pero en realidad no lo es”. Arbolito acostumbra tocar en lugares como la megadisco Kory de Pompeya y hay que rescatar que las entradas de los shows siempre son accesibles, en más de una oportunidad han tocado a cambio de un alimento perecedero o en forma libre y gratuita: como cuando en 2006 cerraron el año en el ex Mesón español de Avenida Caseros al 1700; o, al año siguiente, para el festejo de su primera década que tuvo lugar en la Costanera.

¿Cómo definir a esta banda y a lo que hacen? Dice Pedro: “por suerte somos una banda medio indefinible. La banda no tiene un género particular: hacemos folklore mezclado con rock, con reggae, con candombe, por decir algo… es música popular, pasa que música popular no es un género… o es uno muy amplio”. Y Diego aclara: “después, al momento de lo comercial, por decirlo de alguna manera, necesitan ubicarte en algún lugar, necesitan ver en qué batea te ponen, en qué radio pasan tu música”. En relación con esto, nos cuentan que su público es también muy heterogéneo se mire por donde se mire el asunto: “en el Luna, yo -recuerda Pedro- tenía enfrente una nena a cococho del padre, no tenía más de cuatro, cinco años, y se cantó todos temas del show, hasta los instrumentales (risas)” y “de repente tenés gente que se te engancha  bailando una chacarera  y al lado otro con una remera de La Renga”, comenta Diego e, inmediatamente, agrega su compañero “hay un pogo y al rato un trencito y la fiesta que se arma es de todos, van disfrutando de las cosas como se van dando, no hay una línea marcada. A nosotros nos gusta mucho la música en general, muchas cosas, escuchamos de todo, folklore de todo el mundo, ayer, por ejemplo, estuvimos grabando con los Copla[2], en el último disco tocó Chizzo[3], nos gusta la música y creo que hacemos eso, y lo que nos sale  está influenciado por un montón de cosas”.

Quizá lo que hace que Arbolito viva y cante sea que es trabajo en equipo, un colectivo en el que cada individualidad se suma a la construcción de algo nuevo. Y todo en la banda es tenacidad, reflejo del trabajo que realizan las dos o tres veces por semana en las que los hospeda la guarida de práctica, ejercicio, diálogo, juego, ejecución y recreación que es su sala de ensayo: esta última palabra que no estaba en su diccionario en sus comienzos debido, quizás, a la falta de lugar, de recursos y experiencia o al exceso de juventud, se volvió en algún momento parte del núcleo rígido del concepto de trabajo de sus integrantes. Como dijimos, Arbolito es trabajo y su trabajo es el trabajo en equipo de seis pares de ojos que observan lo que miran y nos lo cuentan. Las palabras de sus canciones describen situaciones que nos son familiares, hablan de algún cuadro al costado del camino de cualquiera de nosotros. Sobre esto y su forma de componer señala Pedro: “nos pasa que muchas cosas nos pasan en común a todos, cosas que sentimos, que charlamos, lugares dónde vamos, gente con la que nos relacionamos, vamos pasando cosas, vivimos. Estamos más tiempo entre nosotros que con nuestras familias. Somos otra familia. Entonces no hace falta decir che, vamos a escribir sobre esto. Cuando llegan las canciones son cosas que vivimos juntos. Por ejemplo, ‘Niña mapuche’ habla de una nena hija de una mujer amiga nuestra que pertenece a la comunidad, con la que fuimos al sur a un encuentro mapuche. Cuando escucho esa canción no es que estoy pensando Ezequiel escribió esto y yo estoy de acuerdo, no, es mío, o sea, las canciones hablan de lo que nos pasa a nosotros y vivimos cotidiana o excepcionalmente. A veces se habla, a veces no. Convivimos”. Hay muchas anécdotas sobre la composición de los temas. Hace poco una vecina de San Vicente le preguntaba a Pedro si la letra de ‘Un día de estos’ era de él, ya que la misma podría hablar lisa y llanamente de la mudanza del músico hacia esos pagos. Pero la letra es de Ezequiel. Con ‘Locutar’ pasó que nació a partir de una frase un día de ensayo, cuando a uno de los músicos le sonó el celular, lo atendió y miró a uno de sus compañeros como exigiéndole silencio; la respuesta de éste fue el estribillo del onceavo tema de Despertándonos: a locutar al locutorio. El trabajo de la banda se divide básicamente en dos etapas. La preproducción del disco, por un lado: “se trabaja sobre una letra y una melodía, una canción, después se empieza a arreglar, a acomodar, vemos por qué no la llevamos para tal lado o para tal otro”. Y luego, ya en situación de disco, nos explica Diego: “Viene el laburo para el show que es mucho más preciso y tiene que ver con las presentaciones. Tenemos siempre la situación de repertorio. Somos una banda que no para de tocar”. Sólo después de Cromagnon la banda estuvo seis meses sin subirse a un escenario: “una locura para una banda que toca todos los fines de semana”, dice el batero.
Los chicos de Arbolito son, además de músicos, docentes. Y quizás esa segunda faceta en la que se desenvuelven no sea sino parte de una única forma de concebir el mundo como comunicación e intercambio: ¿qué tan lejos están en realidad el maestro y el artista? ¿Cuán distantes, si es que la diferencia entre ellos existe? Cuando les pregunto si trabajan en alguna institución educativa, Diego contesta: “Nos cuesta manejar la situación de lo que es un lugar oficial con el tema de los viajes y demás, por eso ahora trabajamos en un nivel más particular salvo Pedro que está trabajando en la fundación del Pupi Zanetti” y Pedro agrega: "somos folklore no formal, rock no formal, nos dedicamos a la educación no formal”.

Quizá después de conocer un poco de lo que ha sido el camino de Arbolito a lo largo del tiempo, de las ideas y los actos que rodean a la banda, podamos empezar a elucubrar o imaginar algunas de las respuestas que introducen esta nota y que no son sino producto de esa charla de un día frío y cálido de este invierno que está despidiéndose.







[1] Editado en casette en 1998.
[2] El Dúo Coplanacu
[3] Cantante de La Renga

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