Arbolito, el ranquel que se
hizo rock
¿Qué hace que
lo colectivo permanezca en el tiempo? ¿Qué que los años sean compartidos y que
la suma de lo individual dé paso a algo más grande? ¿Qué que se pierda de vista
el horizonte para ser uno mismo el camino, uno escapándose de uno, uno en los
otros, con los otros? Uno juntos.
Por Analía de la Fuente
adlf.agendaparquepatricios@gmail.com
Esta crónica es la de una tarde de invierno, frío, que
cala los huesos. Y esta tarde de jueves la charla rondará literalmente la
historia de una poética que, como otras muchas entre miles, pocas entre lo
infinito, alza su voz al son de una comunión: la de vernos, escucharnos e
interpelarnos desde la alianza entretejida de dos lenguajes que fusionados dan
como resultado la construcción mestiza que es la canción. Construir, crear con
la mirada de un día entre mil, del cansancio de después del trabajo, del
paisaje del barrio, de los contrastes de nuestra vida urbana, de las
contradicciones de nuestra argentinidad, de viajes y amigos, de penas, de lo
que no nos gusta, de lo que queremos, de lo que vamos a ser, esos y muchas
otras son las imágenes que recorre Arbolito,
el ranquel que se hizo rock para darnos cuenta, una vez más, del crisol que nos
reúne a nosotros alrededor de nuestra cultura.
Esta crónica habla de esa tarde fría de invierno en la
que la banda nos recibió a nosotros, emisarios de Agenda Parque Patricios, en su laboratorio creativo ubicado en el
barrio -motivo de nuestras letras de cada mes-, en una esquina a pasos nomás
del Parque Ameghino. En esa tarde fría y de invierno la ronda y los mates
matizaron el clima de la estación y lo hicieron el del temple ameno de la
palabra cuando la palabra echa raíces que echan simientes que dan nuevas
raíces. Así, tras la llegada de las cronistas y la presentación de la banda, Agenda distrajo un rato de su labor
ensayística a Diego, vecino de estos pagos, y a Pedro, quien hace no mucho
decidió asentarse en la tranquilidad de San Vicente, para que naciera esta
nota.
El camino del indio
Arbolito, primera acepción: Indio ranquel
que asesinó a Federico Rauch, coronel prusiano nacionalizado argentino, que
participase en las campañas expansionistas de los gobiernos de este país contra
quienes fueran sus pueblos originarios, denominados por éste y por quienes lo
designaran en sus funciones, ‘bárbaros’.
Arbolito, segunda acepción, en honor a la
primera: Banda musical de más de diez años de trayectoria cuyo estilo podría
denominarse inclasificable o, mejor, dependiente del oído-escucha que la
aprecie en cada caso. (Digresión probablemente de pertinencia dudosa: Si toda
obra humana, una vez entregada al mundo, como su entendimiento e
inteligibilidad, dependen de su recepción más que de lo que haya pensado su
autor en el momento de la concepción, las canciones de Arbolito dependen del público que las sigue por todo el país más
que de sus integrantes al momento de definir la poética de la que son parte. Y
si valoramos la recepción de la obra de arte por sobre las intenciones del
creador, tenemos que decir, en este caso, que con Arbolito estamos en problemas porque quienes integran la banda son
también parte de su público, parte de ese colectivo de identificación que hace
de lo popular su propia voz, desde distintos ritmos, pero con el atributo insustituible
del amor por la música y por la gente, por la parte de la sociedad, y del
mundo, que es el pueblo).
Arbolito, en su primera acepción, vivió
el siglo XVIII de uno de los lados oprimidos del país. Su nombre sigue sonando
entre nosotros por la hazaña que realizase en el Combate de las Vizcacheras el
28 de Marzo de 1829. Éste tuvo lugar en parte del territorio bonaerense hoy
denominado Coronel Rauch. La hazaña mencionada fue cortarle la cabeza a este
coronel que por alguna razón ajena a nuestros entendimientos dio nombre a la
localidad.
En Arbolito,
en su segunda acepción, vive el Arbolito
de la primera. Porque lo que se recuerda jamás muere.
Naturaleza viva
Agustín, Andrés, Diego, Ezequiel, Pedro y Sebastián
son, cuando la música los reúne, Arbolito. La formación de la banda
lleva ya poco más de una década, al respecto nos cuenta Pedro: “Cuando empezamos tocaba otro
bajista, Yuri, que ahora es el contrabajista y director de la Orquesta típica Fernández
Fierro, pero ya para el primer disco, Folklore[1], éramos los que
estamos”. Y digamos que en Arbolito
todos hacen de todo: la banda es el resultado de la voluntad común de un grupo
de amigos que se conoció en la
Escuela de Música Popular de Avellaneda. Allá dónde se
conocieron comenzaron un recorrido interminable por las combinaciones entre
melodías, ritmos y armonías. Los integrantes de la banda son
multiinstrumentistas abocados al paisaje cambiante, desmesurado, que les brinda
el camino. Dice Pedro que “una de las cosas lindas que tiene la banda es que
somos un grupo de amigos”. Quizás eso explique la larga joven vida de Arbolito sin pausa y sin prisa por los
circuitos del mundo de la música. En sus comienzos, tocaban en la calle, en
lugares públicos, y eso, creen ellos, es parte de su ADN musical, del sello que
llevan como propio en sus canciones y en sus repertorios. Sobre sus orígenes
confiesan: “éramos muy hippies cuando empezamos, ensayo era una palabra que no
estaba en el diccionario”.
Sobre su ritmo de trabajo podemos decir que tocan prácticamente
todos los fines de semana del año desde hace trece años, cuentan con seis
trabajos editados y en 2010, el pasado 13 de Junio, se presentaron por primera
vez en el Luna Park. Llegar al Luna fue una suma de pasos variopintos y
constantes: cuesta arriba, en el llano, con viento no siempre a favor, a veces
bajo la llovizna y otras bajo alguna tormenta, pero, después de la tormenta,
siempre volvió y seguirá volviendo el sol. En esto que a ellos les gusta
definir como camino y no como carrera, la banda valora ante todas las cosas su
independencia artística, hacer lo que quieren y como quieren, brindar al
público la autenticidad de su obra. Sus últimos dos discos estuvieron a cargo
de Sony, al respecto nos cuentan: “cuando nos sentamos a charlar con la compañía,
el objetivo era que en ese contrato quedara en claro que la independencia
artística la íbamos a seguir manteniendo. Nosotros no podemos no conservarla,
no seríamos nosotros. No podríamos trabajar si viene un tipo y te dice tienen que tocar este tema, que tenga este
ritmo, poneme esta melodía, cambiale esta frase a la letra”.
La organización de sus presentaciones corre por lo
general por su cuenta, con excepción de la del Luna: “La producción de un lugar
así implica mucho dinero, hay muchas cosas en juego. Había tres mil personas y
económicamente no fue una fecha que significó mucho más que otras. Además
nosotros planteamos la condición de que la entrada estuviera barata y no es que
otros músicos se estén llenando de oro, la publicidad y la prensa de un lugar
como el Luna cuestan una fortuna. Pero uno quiere que la presentación del disco
siempre sea un escaloncito más, algo especial, y ese algo especial puede
parecer mucho más redituable pero en realidad no lo es”. Arbolito acostumbra tocar en lugares como la megadisco Kory de
Pompeya y hay que rescatar que las entradas de los shows siempre son
accesibles, en más de una oportunidad han tocado a cambio de un alimento
perecedero o en forma libre y gratuita: como cuando en 2006 cerraron el año en
el ex Mesón español de Avenida Caseros al 1700; o, al año siguiente, para el
festejo de su primera década que tuvo lugar en la Costanera.
¿Cómo definir a esta banda y a lo que hacen? Dice
Pedro: “por suerte somos una banda medio indefinible. La banda no tiene un
género particular: hacemos folklore mezclado con rock, con reggae, con
candombe, por decir algo… es música popular, pasa que música popular no es un
género… o es uno muy amplio”. Y Diego aclara: “después, al momento de lo
comercial, por decirlo de alguna manera, necesitan ubicarte en algún lugar,
necesitan ver en qué batea te ponen, en qué radio pasan tu música”. En relación
con esto, nos cuentan que su público es también muy heterogéneo se mire por donde se mire el asunto:
“en el Luna, yo -recuerda
Pedro- tenía enfrente una nena a cococho del padre, no tenía más de cuatro,
cinco años, y se cantó todos temas del show, hasta los instrumentales (risas)”
y “de repente tenés gente que se te engancha
bailando una chacarera y al lado
otro con una remera de La Renga ”,
comenta Diego e, inmediatamente, agrega su compañero:
“hay un pogo y al rato un trencito y la fiesta que se arma es de todos,
van disfrutando de las cosas como se van dando, no hay una línea marcada. A
nosotros nos gusta mucho la música en general, muchas cosas, escuchamos de
todo, folklore de todo el mundo, ayer, por ejemplo, estuvimos grabando con los
Copla[2],
en el último disco tocó Chizzo[3],
nos gusta la música y creo que hacemos eso, y lo que nos sale está influenciado por un montón de cosas”.
Quizá lo que hace que Arbolito viva y cante sea que es trabajo en equipo, un colectivo en
el que cada individualidad se suma a la construcción de algo nuevo. Y todo en
la banda es tenacidad, reflejo del trabajo que realizan las dos o tres veces
por semana en las que los hospeda la guarida de práctica, ejercicio, diálogo,
juego, ejecución y recreación que es su sala de ensayo: esta última palabra que
no estaba en su diccionario en sus comienzos debido, quizás, a la falta de
lugar, de recursos y experiencia o al exceso de juventud, se volvió en algún
momento parte del núcleo rígido del concepto de trabajo de sus integrantes. Como
dijimos, Arbolito es trabajo y su
trabajo es el trabajo en equipo de seis pares de ojos que observan lo que miran
y nos lo cuentan. Las palabras de sus canciones describen situaciones que nos
son familiares, hablan de algún cuadro al costado del camino de cualquiera de
nosotros. Sobre esto y su forma de componer señala Pedro: “nos pasa que muchas cosas nos pasan
en común a todos, cosas que sentimos, que charlamos, lugares dónde vamos, gente
con la que nos relacionamos, vamos pasando cosas, vivimos. Estamos más tiempo
entre nosotros que con nuestras familias. Somos otra familia. Entonces no hace
falta decir che, vamos a escribir sobre esto.
Cuando llegan las canciones son cosas que vivimos juntos. Por ejemplo, ‘Niña
mapuche’ habla de una nena hija de una mujer amiga nuestra que pertenece a la
comunidad, con la que fuimos al sur a un encuentro mapuche. Cuando escucho esa
canción no es que estoy pensando Ezequiel escribió esto y yo estoy de acuerdo,
no, es mío, o sea, las canciones hablan de lo que nos pasa a nosotros y vivimos
cotidiana o excepcionalmente. A veces se habla, a veces no. Convivimos”. Hay
muchas anécdotas sobre la composición de los temas. Hace poco una vecina de San
Vicente le preguntaba a Pedro si la letra de ‘Un día de estos’ era de él, ya
que la misma podría hablar lisa y llanamente de la mudanza del músico hacia
esos pagos. Pero la letra es de Ezequiel. Con ‘Locutar’ pasó que nació a partir de una frase un
día de ensayo, cuando a uno de los músicos le sonó el celular, lo atendió y
miró a uno de sus compañeros como exigiéndole silencio; la respuesta de éste
fue el estribillo del
onceavo tema de Despertándonos: a locutar al locutorio.
El trabajo de la banda se divide básicamente en dos etapas. La preproducción
del disco, por un lado: “se trabaja sobre una letra y una melodía, una canción,
después se empieza a arreglar, a acomodar, vemos por qué no la llevamos para
tal lado o para tal otro”. Y luego, ya en situación de disco, nos explica Diego: “Viene el
laburo para el show que es mucho más preciso y tiene que ver con las
presentaciones. Tenemos siempre la situación de repertorio. Somos una banda que
no para de tocar”. Sólo después
de Cromagnon la banda estuvo seis meses sin subirse a un escenario: “una locura
para una banda que toca todos los fines de semana”, dice el batero.
Los chicos de Arbolito
son, además de músicos, docentes. Y quizás esa segunda faceta en la que se
desenvuelven no sea sino parte de una única forma de concebir el mundo como
comunicación e intercambio: ¿qué tan lejos están en realidad el maestro y el
artista? ¿Cuán distantes, si es que la diferencia entre ellos existe? Cuando
les pregunto si trabajan en alguna institución educativa, Diego contesta: “Nos
cuesta manejar la situación de lo que es un lugar oficial con el tema de los
viajes y demás, por eso ahora trabajamos en un nivel más particular salvo Pedro
que está trabajando en la fundación del Pupi Zanetti” y Pedro agrega:
"somos folklore no formal, rock no formal, nos dedicamos a la educación no
formal”.
Quizá después de conocer un poco de lo que ha sido el
camino de Arbolito a lo largo del
tiempo, de las ideas y los actos que rodean a la banda, podamos empezar a
elucubrar o imaginar algunas de las respuestas que introducen esta nota y que
no son sino producto de esa charla de un día frío y cálido de este invierno que
está despidiéndose.

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