viernes, 15 de noviembre de 2013

cooperativismo/ sept 2009

El 24 de agosto último se realizó una charla en el Banco Credicoop de Parque Patricios a la que asistieron unas doscientas personas. El cooperativismo, fenómeno en constante crecimiento, fue el punto principal de la conferencia: aspecto de nuestra sociedad que viene desarrollándose más y más en todo el país, en parte, como resultado de la necesidad, en parte, luego de un primer manotazo de ahogado en muchos casos, gracias a una toma de conciencia sobre lo que significa, una óptica desde dónde abarcar la realidad contemplándonos los unos a los otros, haciendo caso serio y comprometido del instinto que nos reunió en comunidades. Allí, Edgardo Form, máxima autoridad del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos (IMFC), analizó las distintas aristas del asunto relacionándolas con nuestra realidad nacional urgida de reformas que apunten al crecimiento sostenido de una economía que se proteja a sí misma con un marco legal que la acompañe, marco que debe priorizar dos variables por encima de las demás: por un lado, la búsqueda de la equidad, redistribución de la riqueza mediante, que implica que ningún ciudadano viva sobre el suelo argentino sin dignidad, sin sus necesidades básicas satisfechas, sin su derecho al trabajo, a la educación, a la vivienda digna y propia; en definitiva, la búsqueda del cumplimiento de todo aquello que la Constitución Nacional pregona, que la democracia y la república deberían defender y que en la Argentina a veces parecieran ser meras y simples enunciaciones de principios bellos para realidades demasiado lejanas a lo establecido; por el otro, la lucha por un Estado proteccionista que se haga cargo de las políticas que sean necesarias a fin de llegar a ese horizonte anhelado, políticas  que no debieran dejar que el mismo quede como un proyecto inalcanzable, como las tantas promesas de campaña a las que estamos acostumbrados a que se desvanezcan en el aire luego de alguna asunción; la lucha por un Estado autárquico de la recetas que nos recomiendan organismos internacionales o países esmerados en incrementar nuestras deudas para con ellos a fin de seguir creando lazos de dependencia desde el primer mundo hacia el tercero y último orejón del tarro.
Hacia el inicio de la charla, el conferencista se refirió al documento que el IMFC comenzó a redactar en 2001, luego de estallar la crisis, como base de los lineamientos para una sociedad inclusiva que fuera alejándose cada vez más de los preceptos neoliberales de los noventa, preceptos de concentración económica y exclusión social, de tipo de cambio fijo y “estable”, uno a uno al costo del desempleo, el hambre y la pobreza crecientes y consecuentes, precios altísimos de una política imprudente de corto plazo, de aquí y ahora, de mañana no sabemos, que atendió exclusivamente su ombligo: el presente fugaz (qué son diez años en la vida de una Nación) de su propio mandato que ha dejado huellas nefastas y duraderas en nuestro día a día. Dicho documento, el del IMFC, ha sido actualizado sucesivas veces, tratando de atender en cada una de ellas a las políticas equívocas de nuestra realidad; la última, el año pasado. Es importante el planteo del mismo por parte de sus autores como una posibilidad entre muchas, posibilidad abierta al diálogo lejana a esos manifiestos que se presentan como recetas infalibles para seguir a rajatabla como dogmas a ultranza que olvidan lo que postulan.
Respecto de la ya citada importancia del rol del Estado en la economía y la sociedad, Form habló del déficit que la Argentina tiene con su régimen democrático, de la sucesión de distintos gobiernos dictatoriales a lo largo de todo el siglo XX, de las dificultades con que se ha encontrado nuestro país en estos veinticinco años de democracia y que debe superar para ejercerla de modo que sea una práctica que haga honor a todo lo que significa. Según este dirigente del IMFC: “La democracia es vivir juntos los que somos diferentes. Se dice fácil pero el ejercicio de ese concepto es complejo. La democracia sólo puede ser democracia de la mano de la participación, siguiendo un modelo en que los ciudadanos no nos limitemos a emitir un voto en una urna cada tanto, sino que seamos convocados, consultados a través de mecanismos como el plebiscito, las consultas populares frente a decisiones de políticas públicas que involucran al conjunto de la ciudadanía”. Ese tipo de sistema sólo es posible con una política de descentralización del poder y el poder en nuestra larga historia ha sido el monopolio de unos pocos que tiran de los hilos de la tragedia argentina desde Buenos Aires como para recordarnos que la vieja puja entre unitarios y federales permanece vigente sólo que con otros nombres. Este dato que no es menor tiene un correlato que también nos remite a aquellas lejanas épocas de la Confederación Argentina: nuestro sistema presidencialista de gobierno en extremo arraigado a esa otra forma antecesora y madre relacionada con el dominio de las masas populares, los caudillos. Así, debería ser condición sine qua non de cualquier régimen que se autoproclame democrático una política de redistribución seria, responsable y comprometida; en palabras de Form: “hoy en día se habla del escándalo de la pobreza, pero, como dicen algunos curas tercermundistas habría que hablar del escándalo de la riqueza, porque si hay pobreza es porque hay riqueza, en grandes proporciones, muy concentrada. La riqueza no surge por generación espontánea, surge del trabajo”. Consecuentemente, debería redistribuirse en forma directa mayormente, a través del salario. Se trata de una forma de negociación colectiva que implicaría políticas serias y de largo plazo: “muchos economistas están de acuerdo en que la forma de generar crecimiento es a través de un aumento del poder adquisitivo de la gente, de su salario de bolsillo”. La otra forma de redistribución sería la indirecta, la más directamente relacionada con el rol estatal, a través de la recaudación de impuestos y la reasignación de los mismos por la vía del gasto público. Y ese gasto público no alude solamente a los subsidios que entrega el Estado a los ciudadanos o a determinadas áreas de la producción que se quieran fomentar sino a los servicios públicos que brinda a la comunidad, que tienen que ver con responsabilidades que no deben depender exclusivamente de manos privadas porque hay temas que no deberían ser un negocio: la salud, la educación, los créditos para que cada argentino posea una vivienda propia, por ejemplo. Entre las funciones inalienables del Estado está la de cuidar los bienes naturales que tenemos, los recursos que posee el país y que, en muchas ocasiones, se venden al mejor postor. El agua potable es uno de los recursos de escasez en el mundo que Argentina aún posee en cantidades abundantes. Al respecto dijo Form: “Otra de las formas de distribuir con equidad tiene que ver con el agua, que va a dar lugar a disputas cada vez más importantes. Estamos en una región del planeta que tiene recursos de agua potable de gran significación, pero con el tiempo esto va a cambiar. Días atrás tuve que viajar a Tucumán, y ustedes saben, en los aviones hay ofertas muy interesantes, por ejemplo, en la revista de Austral me enteré de que se vende a Alemania agua de los glaciares a 5, 7, 9 pesos el medio litro. Cortan un trocito de hielo, lo diluyen, por supuesto lo esterilizan, lo embotellan y lo venden. Cuando nos queramos dar cuenta el glaciar Perito Moreno va a estar envasado en algún supermercado de Berlín, pero resulta que es nuestro, hay que cuidarlo, hay que preservarlo”. Los recursos naturales y la garantía de los derechos de cada uno de los ciudadanos argentinos debe ser una función del Estado, no se puede permitir que algunas funciones que tienen que ver con el bienestar social pasen a depender de empresas privadas cuyo objetivo único es maximizar beneficios económicos. Como dice Form: “la vida demostró con dolor que en ausencia del Estado los que terminan regulando son los grandes grupos económicos, que también están sujetos a las leyes económicas y también entran en crisis. Entonces, ahí son ellos quienes solicitan socorro al Estado. Los dedos invisibles del mercado multiplican la concentración, agudizan la distribución inequitativa”. Otro tema que se trató fue el de los medios de comunicación, el de la gran concentración de éstos en monopolios y de la función que dejan de cumplir para cumplir otras, las de la defensa de unos intereses a favor de los grupos económicos a los que pertenecen. Es necesaria, entonces, la nueva ley de radiodifusión, así como también, hecho no menos importante, una nueva ley de entidades financieras: “al igual que la ley de facto de radiodifusión, la ley de entidades financieras es producto de la última dictadura”. Dicha ley prevalece actualmente y está ligada a las firmas de Martínez de Hoz y Videla: “Es la ley 21526 y tuvo en sus orígenes el fin de fortalecer entidades financieras a la vez que desregulaba el mercado financiero. En contraposición, el proyecto que estamos elaborando está enfocado desde las necesidades de los usuarios del sistema financiero, personas y pequeñas empresas, en un marco de búsqueda de eficiencia social, más que económica, con normas de prudencia y solvencia. Hoy en día una extensa parte de la geografía argentina no tiene acceso a entidades financieras ni al crédito, situación que debe revertirse para fomentar la inversión de las PYMES, por ejemplo. Nuestra óptica es sumamente distinta de la de Martínez de Hoz, que fomentaba la extranjerización de nuestra economía”. Otro punto importante de la charla fue del de nuestra larga tradición oligárquica, la de las presiones ejercidas desde el campo y sus grandes terratenientes que más de una vez impidieron la correcta industrialización del país: “Nuestro proyecto tiene que ver con un modelo de país que despliegue todas y cada una de sus potencialidades, no solamente la de la generosidad de su tierra y sus semillas, que muchas veces ni siquiera alimenta a nuestra población para ir directo al mercado externo. Debemos industrializarnos, fomentar la industria pesada, la tecnología, la investigación”. Antes de finalizar, Form habló de la Primera Cumbre Cooperativa de las Américas, que tendría lugar del 21 al 25 de Septiembre en Guadalajara convocada por la Alianza Cooperativa Internacional: “El lema del encuentro va a ser el modelo cooperativo como respuesta a las crisis mundiales”. Y concluyó con la idea del cooperativismo como parte de nuestra educación, como parte de un modus vivendi “que suponga la capacitación de los docentes, la oferta de talleres, y, por sobre todas las cosas, que todos los alumnos reciban los principios y bases de la cooperación porque no cabe duda de que en un mundo de 6500 millones de habitantes, si 1000 millones se van todas las noches a la cama con la panza vacía, es porque existe una concentración de la riqueza que hay que combatir”.         


No hay comentarios:

Publicar un comentario