El 24 de agosto último se realizó una charla en el
Banco Credicoop de Parque Patricios a la que asistieron unas doscientas
personas. El cooperativismo, fenómeno en constante crecimiento, fue el punto
principal de la conferencia: aspecto de nuestra sociedad que viene
desarrollándose más y más en todo el país, en parte, como resultado de la
necesidad, en parte, luego de un primer manotazo de ahogado en muchos casos, gracias
a una toma de conciencia sobre lo que significa, una óptica desde dónde abarcar
la realidad contemplándonos los unos a los otros, haciendo caso serio y
comprometido del instinto que nos reunió en comunidades. Allí, Edgardo Form,
máxima autoridad del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos (IMFC),
analizó las distintas aristas del asunto relacionándolas con nuestra realidad
nacional urgida de reformas que apunten al crecimiento sostenido de una
economía que se proteja a sí misma con un marco legal que la acompañe, marco
que debe priorizar dos variables por encima de las demás: por un lado, la búsqueda
de la equidad, redistribución de la
riqueza mediante, que implica que ningún ciudadano viva sobre el suelo
argentino sin dignidad, sin sus necesidades básicas satisfechas, sin su derecho
al trabajo, a la educación, a la vivienda digna y propia; en definitiva, la búsqueda
del cumplimiento de todo aquello que la Constitución
Nacional pregona, que la democracia y la república deberían
defender y que en la
Argentina a veces parecieran ser meras y simples
enunciaciones de principios bellos para realidades demasiado lejanas a lo
establecido; por el otro, la lucha por un
Estado proteccionista que se haga cargo de las políticas que sean
necesarias a fin de llegar a ese horizonte anhelado, políticas que no debieran dejar que el mismo quede como
un proyecto inalcanzable, como las tantas promesas de campaña a las que estamos
acostumbrados a que se desvanezcan en el aire luego de alguna asunción; la
lucha por un Estado autárquico de la recetas que nos recomiendan organismos
internacionales o países esmerados en incrementar nuestras deudas para con
ellos a fin de seguir creando lazos de dependencia desde el primer mundo hacia
el tercero y último orejón del tarro.
Hacia el inicio de la charla, el conferencista se
refirió al documento que el IMFC comenzó a redactar en 2001, luego de estallar
la crisis, como base de los lineamientos para una sociedad inclusiva que fuera
alejándose cada vez más de los preceptos neoliberales de los noventa, preceptos
de concentración económica y exclusión social, de tipo de cambio fijo y
“estable”, uno a uno al costo del desempleo, el hambre y la pobreza crecientes
y consecuentes, precios altísimos de una política imprudente de corto plazo, de
aquí y ahora, de mañana no sabemos, que atendió exclusivamente su ombligo: el presente
fugaz (qué son diez años en la vida de una Nación) de su propio mandato que ha
dejado huellas nefastas y duraderas en nuestro día a día. Dicho documento, el
del IMFC, ha sido actualizado sucesivas veces, tratando de atender en cada una
de ellas a las políticas equívocas de nuestra realidad; la última, el año
pasado. Es importante el planteo del mismo por parte de sus autores como una
posibilidad entre muchas, posibilidad abierta al diálogo lejana a esos
manifiestos que se presentan como recetas infalibles para seguir a rajatabla
como dogmas a ultranza que olvidan lo que postulan.
Respecto de la ya citada importancia del rol del
Estado en la economía y la sociedad, Form habló del déficit que la Argentina tiene con su
régimen democrático, de la sucesión de distintos gobiernos dictatoriales a lo
largo de todo el siglo XX, de las dificultades con que se ha encontrado nuestro
país en estos veinticinco años de democracia y que debe superar para ejercerla
de modo que sea una práctica que haga honor a todo lo que significa. Según este
dirigente del IMFC: “La democracia es vivir juntos los que somos
diferentes. Se dice fácil pero el ejercicio de ese concepto es complejo. La
democracia sólo puede ser democracia de la mano de la participación, siguiendo
un modelo en que los ciudadanos no nos limitemos a emitir un voto en una urna
cada tanto, sino que seamos convocados, consultados a través de mecanismos como
el plebiscito, las consultas populares frente a decisiones de políticas
públicas que involucran al conjunto de la ciudadanía”. Ese tipo de sistema sólo
es posible con una política de descentralización del poder y el poder en
nuestra larga historia ha sido el monopolio de unos pocos que tiran de los
hilos de la tragedia argentina desde Buenos Aires como para recordarnos que la
vieja puja entre unitarios y federales permanece vigente sólo que con otros
nombres. Este dato que no es menor tiene un correlato que también nos remite a
aquellas lejanas épocas de la Confederación
Argentina : nuestro sistema presidencialista de gobierno en
extremo arraigado a esa
otra forma antecesora y madre relacionada con el dominio de las masas
populares, los caudillos. Así, debería ser condición sine qua non de cualquier régimen que se autoproclame democrático
una política de redistribución seria, responsable y comprometida; en palabras
de Form: “hoy en día se habla del escándalo de la pobreza, pero, como dicen
algunos curas tercermundistas habría que hablar del escándalo de la riqueza,
porque si hay pobreza es porque hay riqueza, en grandes proporciones, muy
concentrada. La riqueza no surge por generación espontánea, surge del trabajo”.
Consecuentemente, debería redistribuirse en forma directa mayormente, a través
del salario. Se trata de una forma de negociación colectiva que implicaría
políticas serias y de largo plazo: “muchos economistas están de acuerdo en que
la forma de generar crecimiento es a través de un aumento del poder adquisitivo
de la gente, de su salario de bolsillo”. La otra forma de redistribución sería
la indirecta, la más directamente relacionada con el rol estatal, a través de
la recaudación de impuestos y la reasignación de los mismos por la vía del
gasto público. Y ese gasto público no alude solamente a los subsidios que
entrega el Estado a los ciudadanos o a determinadas áreas de la producción que
se quieran fomentar sino a los servicios públicos que brinda a la comunidad,
que tienen que ver con responsabilidades que no deben depender exclusivamente
de manos privadas porque hay temas que no deberían ser un negocio: la salud, la
educación, los créditos para que cada argentino posea una vivienda propia, por
ejemplo. Entre las funciones inalienables del Estado está la de cuidar los
bienes naturales que tenemos, los recursos que posee el país y que, en muchas
ocasiones, se venden al mejor postor. El agua potable es uno de los recursos de
escasez en el mundo que Argentina aún posee en cantidades abundantes. Al
respecto dijo Form: “Otra de las formas de distribuir con equidad tiene que ver
con el agua, que va a dar lugar a disputas cada vez más importantes. Estamos en
una región del planeta que tiene recursos de agua potable de gran
significación, pero con el tiempo esto va a cambiar. Días atrás tuve que viajar
a Tucumán, y ustedes saben, en los aviones hay ofertas muy interesantes, por
ejemplo, en la revista de Austral me enteré de que se vende a Alemania agua de
los glaciares a 5, 7, 9 pesos el medio litro. Cortan un trocito de hielo, lo
diluyen, por supuesto lo esterilizan, lo embotellan y lo venden. Cuando nos
queramos dar cuenta el glaciar Perito Moreno va a estar envasado en algún
supermercado de Berlín, pero resulta que es nuestro, hay que cuidarlo, hay que
preservarlo”. Los recursos naturales y la garantía de los derechos de cada uno
de los ciudadanos argentinos debe ser una función del Estado, no se puede
permitir que algunas funciones que tienen que ver con el bienestar social pasen
a depender de empresas privadas cuyo objetivo único es maximizar beneficios
económicos. Como dice Form: “la vida demostró con dolor que en ausencia del Estado
los que terminan regulando son los grandes grupos económicos, que también están
sujetos a las leyes económicas y también entran en crisis. Entonces, ahí son
ellos quienes solicitan socorro al Estado. Los dedos invisibles del mercado
multiplican la concentración, agudizan la distribución inequitativa”. Otro tema
que se trató fue el de los medios de comunicación, el de la gran concentración
de éstos en monopolios y de la función que dejan de cumplir para cumplir otras,
las de la defensa de unos intereses a favor de los grupos económicos a los que
pertenecen. Es necesaria, entonces, la nueva ley de radiodifusión, así como
también, hecho no menos importante, una nueva ley de entidades financieras: “al
igual que la ley de facto de radiodifusión, la ley de entidades financieras es
producto de la última dictadura”. Dicha ley prevalece actualmente y está ligada
a las firmas de Martínez de Hoz y Videla: “Es la ley 21526 y tuvo en sus
orígenes el fin de fortalecer entidades financieras a la vez que desregulaba el
mercado financiero. En contraposición, el proyecto que estamos elaborando está
enfocado desde las necesidades de los usuarios del sistema financiero, personas
y pequeñas empresas, en un marco de búsqueda de eficiencia social, más que
económica, con normas de prudencia y solvencia. Hoy en día una extensa parte de
la geografía argentina no tiene acceso a entidades financieras ni al crédito,
situación que debe revertirse para fomentar la inversión de las PYMES, por
ejemplo. Nuestra óptica es sumamente distinta de la de Martínez de Hoz, que
fomentaba la extranjerización de nuestra economía”. Otro punto importante de la
charla fue del de nuestra larga tradición oligárquica, la de las presiones
ejercidas desde el campo y sus grandes terratenientes que más de una vez
impidieron la correcta industrialización del país: “Nuestro proyecto tiene que
ver con un modelo de país que despliegue todas y cada una de sus
potencialidades, no solamente la de la generosidad de su tierra y sus semillas,
que muchas veces ni siquiera alimenta a nuestra población para ir directo al
mercado externo. Debemos industrializarnos, fomentar la industria pesada, la
tecnología, la investigación”. Antes de finalizar, Form habló de la Primera Cumbre Cooperativa de
las Américas, que tendría lugar del 21 al 25 de Septiembre en Guadalajara
convocada por la Alianza Cooperativa
Internacional: “El lema del encuentro va a ser el modelo cooperativo como
respuesta a las crisis mundiales”. Y concluyó con la idea del cooperativismo
como parte de nuestra educación, como parte de un modus vivendi “que suponga la capacitación de los docentes, la
oferta de talleres, y, por sobre todas las cosas, que todos los alumnos reciban
los principios y bases de la cooperación porque no cabe duda de que en un mundo
de 6500 millones de habitantes, si 1000 millones se van todas las noches a la
cama con la panza vacía, es porque existe una concentración de la riqueza que
hay que combatir”.

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