viernes, 15 de noviembre de 2013

congreso barrial quemero/ agosto 2009

   El V Congreso de Historia de Parque de los Patricios ha tenido lugar durante los viernes de agosto. Este año tuvo la singularidad de reunir a especialistas que hicieron sus ponencias en lo que fue el Congreso de historia de los Barrios del Sur, coordinado por el Ingeniero Manuel Vila en el Foro de la Memoria. Barracas, Pompeya, Boedo, San Cristóbal y Parque de los Patricios fueron el motivo de los cuatro encuentros en los que los vecinos asistieron a un recorrido por el pasado remoto de sus barrios, odisea en la que los nombres dejan de ser un simple significante, un envase vacío que nada dice, y despejan la bruma para adquirir ese significado histórico que, las más de las veces, ocultan: su origen y razón de ser. Las etimologías siempre resultan en definitiva las de una realidad que bautiza su alrededor. La idea del Congreso ha sido principalmente la de un rescate, la de la preservación de un patrimonio en manos de pocos que quisieran verse rodeados de una participación creciente, sobre todo en estos tiempos en los que cuando no prima la abulia, el interés languidece por la velocidad excesiva de los días y sus obligaciones. Así las cosas, espacios como los del Foro, aunque con concurrencias moderadas, constituyen una de esas excepciones que rompen las reglas de una cotidianeidad avasallada por los medios masivos de comunicación y tecnologías que ponen en jaque la concentración como para distraernos de lo que nos pasa, de lo que fuimos, de lo que vamos a ser, espacios como los del Foro, repito, forman parte de esas pequeñeces que hay que empezar a cuidar un poco más.
   La idea de aunar en el Congreso de este año a los Barrios del Sur proviene de una comunión identitaria indiscutible, de la conjunción de partes de lo mismo a raíz de una historia compartida, de una cultura en común, de un paisaje unísono. Es necesario recordar, cual expusiera la vocera Otilia Da Velga, vicepresidenta de la Academia porteña de lunfardo y ex presidenta de la Junta de Estudios Históricos de San Cristóbal, que su barrio y el nuestro nacieron como uno junto con Barracas, Pompeya y Boedo. De al modo, hacia 1864 se inaugura junto a la parroquia de San Cristóbal el barrio homónimo cuya superficie excedía la actual por la conformación ya citada, mucho más extendida antaño que en el presente; en dicho año se inauguró también la parroquia de Santa Lucía. En ese entonces, el grueso de la población pertenecía al primer aluvión inmigratorio, conformado por italianos y españoles que venían, principalmente, con un oficio al que siguieron dedicándose ya lejos de su tierra natal, el resto de los recién llegados iba a trabajar a los corrales o a los saladeros. Otro rubro importante al que se dedicaron los inmigrantes fue el de la construcción, se brindaron a ella con conocimientos muy cercanos a los de los arquitectos de hoy en día y ha quedado como legado de la época el pintoresquismo del barrio, caracterizado por los trabajos de moldura y ornamentación. Una figura internacionalmente reconocida ha sido el arquitecto Virgilio Colombo, entre cuyas obras perviven la fachada del Hospital Español y una casa en Sarandí e Independencia. El resto de su obra como, por ejemplo, la que fuera la casa de Julián García Núñez en Independencia al 2400, lamentablemente se ha perdido, en este caso transformada en garaje (como para reafirmar la superioridad pragmática de la utilidad, el consumo y las ganancias por sobre la cultura y sus legados, como para convencernos en caso de que aún no nos hayamos dado por vencidos, ni aún vencidos diría Almafuerte, de la supremacía del mercado por sobre nuestros valores). Dentro del barrio se encuentra una de las esquinas míticas de Buenos Aires, límite de cuatro barrios, Entre Ríos e Independencia, en la cual según la narradora “habitaba una familia de raza negra que bailaba candombe y muy vinculada al origen del tango”. Según el censo de 1904, San Cristóbal, con 122.000 habitantes, era el barrio más poblado, seguido de Barracas que tenía 84.000. Antes de finalizar su coloquio, la expositora manifestó su desacuerdo con la actual agrupación de las comunas porteñas puesto que San Cristóbal ha quedado junto a Balvanera y separado de quienes nacieran en su interior como parte de una misma cosa, el resto del sur de Buenos Aires.   
   El coloquio sobre Boedo estuvo a cargo del Licenciado Aníbal Lomba, presidente de la Junta de Estudios Históricos de su barrio. Según sus palabras, Boedo nace alrededor de mediados del siglo XIX y su crecimiento y evolución estarán también inseparablemente ligados a los inmigrantes. Tras la fundación del barrio, “la calle Boedo se fue convirtiendo poco a poco en el centro de las actividades comerciales, educativas y artísticas para la población que se iba afincando en una amplia zona que abarcaba más allá de los límites actuales”. Lomba se quejó más manifiestamente que Da Velga de la división del distrito porteño en quince comunas reivindicando los barrios y todo lo que en ellos hay de identidad ciudadana. Respecto de los hitos fundamentales rescata la importancia de las artes plásticas cuyo exponente destacadísimo fue Rodolfo Reyes, escultor que ganó el primer premio nacional; y la del arte dramático que nace con el teatro Boedo de 1918 y el teatro América que también es de esa época; importancias siempre un poco dejadas de lado frente a la preeminencia de la cultura del tango propia del lugar junto a sus cafés típicos. No faltó la mención al nacimiento de San Lorenzo en 1908, bajo la tutela del padre Lorenzo Massa en el oratorio San Lorenzo, que ha sido designado el año pasado como lugar de interés cultural de la ciudad de Buenos Aires; ni tampoco el recordatorio, para el que no lo sabe, de que “los colores de San Lorenzo son los del manto de la virgen María Auxiliadora que está en la iglesia de San Carlos, colores con los que el padre Massa había mandado confeccionar las camisetas de los muchachitos de su parroquia”. Tampoco hay que olvidar que Boedo tuvo lo que fue la segunda Universidad Popular del país, tras la de La Boca de 1917, en 1928, lugar que tras la ley 1420 y sus efectos, llegó a tener una matrícula de 1500 alumnos en las décadas del ´30 y ´40 pero “lamentablemente, en esa última década se le quitaron los subsidios y murió de muerte natural”. Por otra parte, en 1922 fue fundada la Editorial Claridad “que por más de veinticinco años iluminó el pensamiento americano” y estuvo muy emparentada con la literatura de Boedo y sus poetas.  
   La charla sobre Barracas estuvo en manos del Gregorio Traub, presidente de la Junta de Estudios Históricos de ese barrio, quien citara los orígenes del mismo en agosto de 1853 y excediendo su actual territorio puesto que comprendía el actual distrito de La Boca. Entre las personalidades importantes de Barracas, el vocero mencionó al Almirante Brown, no sin cierto recelo por el poco caso que se le hace a su figura histórica en general y en su propio barrio en particular. Remontándose a tiempos primigenios de nuestra historia, el orador contó la relevancia de su barrio en las invasiones inglesas, lugar estratégico de la defensa del Río de la Plata: con motivo de la presencia inglesa proveniente desde lo que hoy conocemos como partido de Quilmes, el virrey Sobremonte mandó incendiar el puente Gálvez que había sido el primer puente sobre el Riachuelo, situado en el lugar del actual puente Pueyrredón. A tal respecto se refirió a la Avenida Patricios para hacernos pensar en su sentido histórico: bautizada en honor a los hombres que había dirigido Cornelio Saavedra en tal oportunidad. No es casual, dijo, con razón, el narrador, que su continuación se llame Defensa ni que la continuación de la continuación Reconquista: “la toponimia responde enteramente a las invasiones inglesas”. También fue relevante la zona para el primer gobierno patrio puesto que los patriotas se reunían en la quinta de Horma, sobre la calle homónima que queda cerca del Riachuelo, y era escenario de reuniones clandestinas. Según el cronista, en sus orígenes Barracas fue un barrio de gente pudiente, de quintas señoriales ya que el barrio contaba también con el matadero del sur, actual Parque España, sobre el cual Esteban Echeverría escribió su célebre ensayo crítico en el que se reproducía la idea de una Patria escindida en civilización y barbarie. Barracas fue uno de los barrios fundacionales de Buenos Aires que acogió a las clases altas hasta la llegada de la fiebre amarilla y su epidemia que provocó el éxodo de los habitantes y transformó al lugar en una zona industrial. Antes de finalizar, el Traub recordó al auditorio que Barracas cuenta con su escudo e himno propios, que datan de 1961, y que es una de las cuatro Repúblicas porteñas junto con Mataderos, Boedo y San Telmo.    
   La última exposición de todo el Congreso fue la correspondiente a Pompeya y a Parque de los Patricios, a cargo del Ingeniero Manuel Vila, presidente del Foro de la Memoria de Parque Patricios y de la Junta de Estudios Históricos del mismo lugar. En la misma se hizo referencia a la antigua constitución de los barrios, a la formación de las calles actuales como derivación de antiguos desagües naturales, al trabajo en los corrales que permanecieron en el barrio hasta 1903, año en el que se trasladaron a la zona de Mataderos, al segundo matadero del sur que se encontraba entre las actuales Av. Caseros y Amancio Alcorta, calle que en aquella época era un zanjón divisorio, a  la pulpería que se encontraba en la esquina de los corredores (sobre Av. Chiclana). Contó que este segundo matadero, Matadero de la Convalecencia,  había surgido en 1867 ante la clausura del que fuere relato de Echeverría, el de Plaza España, luego de la fiebre amarilla y se había concretado definitivamente en 1872. El ingreso de los animales se realizaba por el actual Puente Alsina. Los carros carniceros salían por la que hoy es la calle Patagones y había un tranvía carnicero cuya primera estación quedaba a metros de la calle Los Patos. Cercano al matadero, era común el ejercicio del cuchillo, el arreo y las payadas, muy vinculados todos al nacimiento del tango. También se mencionó el singular cambio que se da en muchos aspectos en Parque Patricios y en Pompeya a partir de 1860 de la mano de la preindustrialización. La exposición se hizo acompañada de videos e imágenes de aquellas épocas fundacionales de la colonia, de mapas comparativos en los que avisorábamos la evolución territorial del barrio, elementos todos al alcance de quien quisiere investigar o simplemente curiosear acerca de estos asuntos vinculados al conocimiento de nuestro hábitat, de nuestras calles, de la idiosincrasia que originó uno de los paisajes citadinos más propios del arrabal, paisaje que para sus habitantes llega a ser parte de uno mismo, de la identidad individual, algo así como el gran hogar. Quizá suene exagerado pero así lo siente esta humilde cronista que cree orgullosa en la belleza única de su casa: Parque Patricios. Volviendo al quid, quien esté interesado puede acercarse al Foro de la Memoria, sobre Av. Caseros al 2900, y revisar un poquito el pasado o más vaga, virtual y anodinamente visitar el link/blog (cuál será la diferencia si existe) del mismo: http://forodelamemoria.blogspot.com/.
   Tras las cuatro reuniones del Congreso, el último sábado del mes de agosto se realizó la visita guiada por Parque Patricios con un final a todo tango en el café “El Parque” de Caseros y Rioja.
     

         


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